martes, 6 de julio de 2010

Bendita soledad


Lisiada emocional así me declaro desde hace dos años, y de la forma más crónica posible; le temo al compromiso, a las presentaciones familiares, a las saliditas con el novio, en las cuales uno no puede ni mirar al vecino bailable de la disco, que siempre que va uno acompañado está más bueno que el pan, además siempre que uno está con alguien ahí si le "caen" a uno los mejores prospectos, porque sólo no levanta ni el polvo.

Además no neguemos que la mayoría de veces que uno le pone nombre a una relación, es como si todo empezara a marchar en retroceso, en el caso de las mujeres porque se sienten con el derecho de preguntar, cuestionar y hasta mandar...QUE MAMERA.... Y en el caso de los hombres porque ya lo que antes les parecía divino, ya no les gusta tanto, y si por naturaleza veían antes todas las viejas re buenas, ahora ven a todas como si fueran la versión criolla de Charlize Theron.

Siendo honestos esto son solo excusas porque en el fondo, le tengo físico pavor y hasta paranoia al compromiso, y es que considero que hay círculos sociales que son solo míos y no me interesa compartirlos con nadie, motivo por el cual prefiero no comprometerme con nadie y de paso, con eso nadie sufre, ni yo por no poder vivir mi soledad, ni el susodicho anhelando ponerme el anillito, que aquí entre nos, me parece que eso del anillo es como marcador no? es decir, me recuerda a la forma en la que marcan las reses y el ganado en general.

Sumado a esto, soy una de las mujeres más solitarias que he conocido, adoro mi espacio sin tener que pensar en si alguien está usando mal el baño, si roncan al dormir, si llevo pijama sexy o no, si duermo desnuda o no, si tiendo mi cama o no, o si por lo contrario me dedico un fin de semana a comer, ver películas sin salir a la esquina, y una de las cosas más inexplicables para los hombres: NO TODAS LAS NOCHES QUEREMOS SEXO, A VECES EN SERIO ¡QUEREMOS DORMIR!

Cabe anotar que hace un tiempo, dos años para ser más exactos viví con alguien y descubrí que prefiero mi soledad a una compañía constante a la cual no puedo explicarle siempre que llevo adentro, porque a veces quiero estar sola, aunque no niego que a veces extraño llegar a mi casa y ver a un buen hombre esperarme bajo las cobijas o en su defecto, encima de ellas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario