jueves, 16 de julio de 2015

Conexiones eternas

¿Cree usted en las almas gemelas o en aquellas que sin estar juntas siguen recorriendo el mismo camino aún sin saberlo? 

Quien les escribe hace más de siete años conoció a alguien que desnudó por completo su corazón, le hizo ver lo que ni siquiera sabía que tenía adentro, le hizo sentir un amor extraño, trágico, cómico, alegre y sobre todo absolutamente intenso. A tal punto que ambos sabíamos que el final no podría ser cómodo para ninguno.

Dos frases de Frida Kahlo definen esta historia que no duró tanto como se esperaba o más bien como se anhelaba, pero si lo suficiente como para que la vida de ambos fuera transformada quizás para siempre:

  • "Jamás en toda la vida olvidaré tu presencia. Me acogiste destrozada y me devolviste íntegra, entera".
  • "Si yo pudiera darte una cosa en la vida, me gustaría darte la capacidad de verte a ti mismo a través de mis ojos. Solo entonces te darás cuenta de lo especial que eres para mi".
El tiempo pasó, era necesaria la distancia, había tanto que sanar, mucho que curar e incluso demasiado que perdonar, bien dicen por ahí que las relaciones "imperfectas", si es que en el amor hay algo perfecto, son las que más nos demuestran qué hay dentro de nosotros mismos, son éstas las que nos permiten descubrir si amábamos con el corazón o simplemente amábamos lo que éramos con esa persona.

Las vidas de ambos se acomodaron, tomaron el rumbo que debían tomar y al pasar el tiempo las circunstancias nos volvieron a encontrar, quizás ya no habían sonrisas de amor o de pasión, pero si permanecía un bonito amor, ese que pasará a la eternidad o aquello que llaman conexión inquebrantable.

Siete u ocho años después volvíamos a reconocer todo lo que nos habíamos querido y cómo seguiríamos estando el uno para el otro, con la tranquilidad de dar por esta vez la serenidad que solo dan los años.

El me conoce aún como la palma de su mano, no necesita verme para saber qué pienso, qué siento, incluso sabe en qué fallaron los hombres que después vinieron en mi camino; es absolutamente consciente que quizás mi corazón no vuelva a amar tan intensamente, pero este hombre es tan exacto que no se jacta de ello, solo sonríe y sigue caminando.

Los dos ya estamos tranquilos, sabemos que estamos ahí así pasen los años, a la final somos conscientes que quizás pocas personas nos han movido tanto el piso como él a mi y yo a él.

Supe todo lo que él significaba para mi, cuando entendí que él no es un ex novio, es la persona que se quedó en mi corazón y me permitió crecer.

Gracias es todo lo que tendré para él siempre. ¡Feliz noche de las letras!

miércoles, 13 de mayo de 2015

Volver a empezar

bienestar.salud180.com

Por instinto, el ser humano busca protegerse de todas las situaciones que sabe le van a lastimar, la mente sabe cómo debe funcionar y en muchas oportunidades bloquea lo que le genera dolor, evita las conversaciones que lo lleven de nuevo a esos instantes y decide cuáles son los momentos idóneos para "pensar" en ciertas vivencias.


Cuando se llega a este punto, generalmente se ha pasado por grandes experiencias de dolor y SIEMPRE el ser humano sabe hasta dónde es capaz de soportar, bien dicen por ahí, que la vida da exclusivamente lo que cada uno puede tolerar.

Sin embargo, llega un momento en el que debemos enfrentar, expulsar y hacer catarsis, en este proceso se debe tener en cuenta que puede ser lo suficientemente dramático de acuerdo al tiempo que llevamos negando lo que hay adentro. TODOS, absolutamente TODOS tenemos demonios que se camuflan, particularmente no creo que algún ser humano sea absolutamente blanco, somos SERES HUMANOS, por ende, no podemos olvidar que somos la raza más imperfecta del universo, eso hace que nuestros matices sean lo suficientemente versátiles, más de lo que quizás podamos soportar.

Pueden pasar años haciendo catarsis, expulsando todo, pero de pronto como todo en la vida, llega un momento donde la barrera se desvanece, donde el muro empieza a romperse y lo más sano, a mi parecer, es que se derribe por uno mismo y no por alguien más, a la final por más amor y entrega que pueda existir, el amor propio debería estar por encima de cualquier sentimiento y relación.

columnazero.com
Cuando este momento llega, cuando queremos volver a sentir, cuando deseamos volver a amar, cuando abrimos la puerta de nuevo, nos liberamos, entendemos que estamos expuestos de nuevo pero con un punto a nuestro favor, somos más fuertes, hemos aprendido a diferenciar lo sano de lo que no lo es, hemos entendido que si nos volvemos a equivocar no es el fin del mundo, de hecho, nunca lo es.

¿Cuándo estamos listos para abrir de nuevo el corazón? La respuesta es simple, eso se siente, otra vez reímos sin esfuerzo alguno, no existen silencios incómodos, somos nosotros mismos sin miedo al que dirán, pero lo más importante otra vez los ojos vuelven a brillar. 

Para llegar a este punto se debe pasar por rabia, odio, llanto y todas las emociones más bajas que ustedes puedan imaginar, pero por sobre todas las cosas se debe asimilar que la soledad no es negativa, porque si usted está esperando que alguien le valide su existencia, debe iniciar ya mismo un trabajo con USTED MISMO y créame ese duele más que cualquier fase de perdón con alguien más. Sé porque se lo digo.

Y como siempre me gusta hablar en primera persona en mis blogs porque siento que así me puedo comunicar mejor con todos los que me leen, quiero decirles que después de cuatro años estoy volviendo a sonreír y a amar cada cosa que soy.


Espero estas palabras le sirvan para cualquier proceso en el que se encuentre y siempre recuerde que el dolor es inevitable pero sufrir es opcional.

domingo, 12 de octubre de 2014

Mi proceso FITNESS

Suelo no escribir sobre ciertos proyectos que emprendo, porque con el tiempo uno aprende a descubrir que la envidia es una cosa muy brava que aunque uno quisiera que no le afectara, de una u otra forma si llega a alguna parte del corazón, solo que aprendemos a convivir con ella.

Pero quizás sea porque me estoy acercando a los treinta o porque me cansé de dar explicaciones, decidí hablar de algo que incluso me ha generado cuentas falsas (parodias) en Twitter, comentarios ofensivos, denigrantes en algunos casos, que contrario al efecto buscado lograron que me enfocara con más fuerza en seguir mi proceso.

Pues bien, hago referencia a la lucha desde que soy una adolescente por bajar de peso, si fui de las "superficiales" que soñaba con ser más y más delgada, que no me sentía orgullosa de mi talla, fui talla catorce, gracias a Dios siempre me destacaba por mi cara y pelo, porque de lo contrario mi adolescencia hubiera sido nefasta. 

No caí en enfermedades como la anorexia o bulimia, porque si era bien consciente que no iba a arriesgar mi salud y mucho menos pretendía que mis padres sufrieran por mi, en el mundo nadie, repito NADIE, me importa tanto como ellos.

Pero los comentarios ofensivos, no las críticas constructivas, me llegaban como el Iceberg que destruyó el TITANIC, porque a veces la gente no sabe cómo uno recibe ciertas cosas, pero en mi mente iban quedando muchas cosas, sabía que así no era cómo quería verme, no me gustaba lo que veía en el espejo. ERA ASÍ DE SIMPLE, sé que muchas personas al leer esto dirán que no me quería, respetaba y demás, pues no, todo lo contrario, me amaba tanto que sabía que este cuerpo no era el que yo quería. 

Sin embargo, cabe mencionar que las críticas constructivas fueron las que con el tiempo me hicieron entender que era hora de dejar de quejarme y ACTUAR, que no sería fácil, que me dolería todo, pero había que empezar y YA. 

A estas alturas tenía 18 años y pesaba 80 kilos, si ochenta, era bien gordita y no quería más, así que decidí meterme al gimnasio, hacer dieta y hacerme masajes, mesoterapias, etcétera; en este proceso duré cinco años, entrenando seis horas diarias de domingo a domingo, claro que bajé, pero pague un precio demasiado alto, el resultado: Hipoglicemia y tendinitis.

Por motivos personales dejé de entrenar y obvio todo volvió a empezar no llegué a subirme tanto de nuevo, pero eso si, volví a ver kilos de más, comía mal, olvidé lo que me había llevado tanto tiempo entender ¿que más esperaba?

Hace un año luego de una tusa, SI NO ME DA PENA RECONOCERLO, empecé a ver unas fotos mías y luego de hablar con dos de mis mejores amigas, me di cuenta que otra vez estaba gorda, nuevamente entendí que esto no era lo que yo quería, así que pensé si cuando era adolescente lo logré, esta vez no sería diferente.

Lo primero que hice fue quitar la comida chatarra, el azúcar, paquetes, fritos, procesados, comer una sola harina al almuerzo, consumir mucha fruta entre comidas y beber mucha agua. El resultado: Los pantalones ya me quedaban grandes, se me empezó a ver algo de cintura, el abdomen otra vez volvía a recuperar algo de su forma.

Pero yo quería aún más, así que hablé con una de mis mejores amigas que conoce de este tema, le confesé que no me sentía bien aún a pesar de los resultados, que ya era hora de volver a entrenar, pero con resultados reales, entonces ella me recomendó contactar a un entrenador personalizado y es aquí donde aparece el señor Andrés Ramírez, alias @ramboCriollo, de una me escuchó todas mis historias, me creó una rutina, me dio mi asesoría de alimentación, me enseñó los ejercicios, corrigió todo lo que había hecho mal en el pasado y sobre todo me inspiró para no perder el entusiasmo, él siempre dice que gran parte del avance es por mi disciplina y pues SI ese es mi mérito, soy de las que si algo se me mete en la cabeza jamás descanso hasta lograrlo.

Gracias a sus clases de TRX y demás combinaciones de ejercicios los fines de semana, más los días juiciosos de gimnasio, aún cuando llegaba exhausta de la oficina después de hora y media de trancón, empecé a ver los resultados, por fin me sentía bien con lo que estaba viendo en el espejo.

Me ha escuchado decir todos los madrazos del universo, me ha visto adolorida, cambiar mi ritmo de vida y ha observado como ahora lo más importante de mi fin de semana son sus clases.

Los resultados después del mes y medio que llevo entrenando con él son los siguientes:

1. Los que me rodean por fin después de AÑOS, me dicen: Meg, estás flaca ¿qué diablos estás haciendo?

2. Me tocó comprar nueva ropa.

3. Los músculos que antes no se marcaban ahora si SE MARCAN.

4. Los ejercicios que antes no soñaba si quiera lograr hacer, por fin los estoy haciendo y BIEN.

Pero dicen que cuando uno tiene un entrenador personalizado no hay mejor premio que él le diga a uno espontáneamente: "Ya se te ve más delgada", palabras sencillas que le hacen pensar a uno: "Los esfuerzos si dan resultado, hay que seguir".

Si por mi fuera entrenaría los siete días de la semana pero por mi trabajo no puedo, generalmente entreno de cuatro a cinco días a la semana, pero el tiempo que duro haciendo ejercicio no me distraigo, tengo mi objetivo claro, no sé si me demore años, meses o lo que sea, solo sé que seguiré trabajando.

Cada vez que me canso, me duele el cuerpo o llego cansada de alguna clase, me digo a mi misma: Jamás volveré a ser esa niña que no le gustaba lo que veía en el espejo. JAMÁS.

miércoles, 2 de julio de 2014

Mis selfies, tus selfies, mis redes, tus redes

Tal vez esta nota de para más de qué hablar, o deba volver a leer frases como: "Estudios demuestran que las selfies son falta de sexo, neuronas y hasta reflejan una serie de enfermedad mental", pero sostuve una serie de discusiones al respecto, que después de pensarlo y pensarlo, además de recibir indicaciones de otras personas para escribir al respecto, me lancé a la tarea de construir estas palabras, con las que no pretendo convencer de mi punto, pero al menos que quede bien expuesto y MUY a mi forma.

Recuerdo perfectamente cuando alguna vez una persona me llamó narcisista por las publicaciones en mi Instagram, porque si lo reconozco mi perfil en esta Red Social, en su mayoría es de fotos mías, sonriendo, enviando picos, luciendo la camiseta de la selección Colombia y del equipo de mis amores: Club Atlético Nacional, imágenes con mis amigos, familiares, ex parejas, una que otra comida, mis noches de cerveza, y así.

No suelo publicar fotos de mi comida o cuando cocino, por una sencilla y simple razón no cocino y me da locha tomarle fotos a todas las comidas, pero respeto a quienes lo hacen, son gustos y preferencias.

No publico fotos de gatos porque no los tengo, quizás con ellas no me criticarían tanto porque a la final son mascotas y ellas siempre serán hermosas, tiernas, etcétera, lo que entonces no logro entender es por qué si cada quién publica lo que ama, con lo que se siente cómodo, con aquello que es feliz, etcétera, las personas que amamos las selfies como yo, no podemos hacer lo mismo ¿qué es tan malo? 

Es decir, si me gusta sonreír ante una cámara, si me encanta picar el ojo, mandar picos, o simplemente verme en imágenes porque quizás estúpidamente creo que de una u otra forma soy fotogénica ¿por qué diablos no puedo hacerlo con libertad? 

O es qué solo a las modelos, actrices y presentadoras se les permite este tipo de acciones, por favor, seamos un poco consecuentes con la libertad que tanto pregonamos, les confieso soy de las que piensa que si le propusiera salir en algún tipo de revista que estuviera alineada con mis convicciones ya fuera para posar, por un reportaje o cosas por el estilo, no dudaría en hacerlo porque no le temo a las cámaras, no me escondo ante un lente y SI, soy de las que al sentir el flash sonríe de una.

Lo siento en realidad por aquellas que les cuesta sonreír ante una cámara, para los que no lo saben estudié y trabajé como actriz, sigue siendo esa lucecita que está en mi interior, no se ha apagado, todos esos años frente a cámaras, tablas, escenarios, etcétera, me enseñaron a perderle el miedo al que dirán, quizás a eso se deba gran parte de mi carácter. Así que en realidad lo lamento, pero seguiré cambiando de avatar, perfil, etcétera, en diferentes tomas, escenarios, luces.

Si, soy tan estúpida que me alegro cuando veo un simple Like o cuando alguien me comenta sus opiniones reales, no aquellas que buscan destruir, me enorgullece saber que las luchas eternas por tener un cuerpo agradable están dando frutos, no alardeo de ello, solo busco mi mejor ángulo y listo.

Incluso, pongo todas y cada una de las fotos de mis tatuajes porque me siento orgullosa de ellos, por supuesto estoy abierta a cada opinión, sin que eso signifique que cambie mi gusto o pensamiento por las diferentes expresiones del entorno que me rodea. Es más, recuerdo perfectamente que alguna vez me dijeron indirectamente que si era capaz de alardear de mis selfies, sin maquillaje o despeinada mi respuesta es esta:

Claro que si, mi pelo al natural o absolutamente producido es hermoso después de una tintura de cinco años, no soy 90-60-90 pero amo mi busto, piernas e incluso estoy aprendiendo a amar mi abdomen, mis ojos con delineador se ven más expresivos, sin él solo son mis ojos cafés que siempre buscan hablar sin necesidad de vocablos.

Por supuesto, que no buscaré jamás salir en fotos donde se me vean mis peores ángulos o mis cachetes en su máxima expresión, no creo que exista mujer en el mundo que quiera verse mal a propósito, pero si disfruto salir en mis selfies y sonreír.

Para finalizar, no pretendo que entiendan la razón de las selfies, solo que las respeten y por primera vez en la vida dejen de opinar tanto del por qué la gente las pone o no, solo para claridad de algunos, los que nos las tomamos, no tenemos enfermedades mentales, bueno yo tengo epilepsia pero eso no me ha hecho más o menos bruta, tal vez me ha hecho más sensible, perceptiva y un tris "loca", tampoco nos falta el buen sexo, porque aún cuando fuera así pues podríamos acudir a otros recursos como la pornografía o la masturbación.

A la final, en este mundo todos pueden escoger ¿no?

miércoles, 26 de marzo de 2014

DOS MUJERES EN UNA ESTACIÓN. OTRA LÁGRIMA BROTA DE SUS OJOS

Desde un escenario paralelo, un mundo distinto o quizás desde lo que yo quisiera que fuera mi vida, observaba una estación de un tren o de un metro, como si hubiera querido vivir en otra época, en esa donde el amor era más trágico, más sentimental, tal vez buscaba una tragicomedia que tuviera como resultado una escena donde aparecen manos unidas no por el mundo físico, sino por el contacto emocional.

Mi atención se detuvo en una mujer que observaba a cada persona que bajaba del tren, como llevando una gran cruz en su espalda, sin entrar en contacto con los otros seres humanos, sin sentir, solo pensando en algo desconocido.

El frío de aquella estación se iba apoderando de la mujer que yo observaba, los labios quemados, su jean roto y sus converse desgastados por los caminos andados que no habían llevado a ningún destino, solo habían conducido a una experiencia que le dejó un corazón hecho pedazos que cada día intentaba volver a sentir paz, una lucha que quizás jamás lograría ganar.

Esta mujer no miraba a ningún punto fijo, pero de pronto decidió levantar su cabeza al cielo y lo que yo observaba desde otro lugar era un maquillaje frío, en el que se destacaba era un delineador negro fuerte, profundo y que hacía ver sus ojos grandes y expresivos, un brillo sorprendente, quizás ese que uno puede ver cuando todavía quiere y necesita creer.

Su blusa era negra, seguramente en algún momento tuvo un dibujo estampado en ella, pero al parecer los años habían corroído esta imagen, ahora solo se vislumbraba unos visos blancos, dorados y hasta grises; una blusa sin mangas y donde se ven todos sus tatuajes, sus brazos están llenos de color, diferentes figuras y quizás sea su manera de identificarse o reencontrarse con ella misma, porque constantemente los miraba.

Aunque en la espalda se destaca uno de los tantos que la acompañan, sabe que la gente la mira, pero no le importa, quizás ya no le importe, de repente, decide pararse de la silla donde la llevo viendo sentada bastantes horas, agarra su libro, se pone los audífonos, limpia sus lágrimas, dejando en sus manos las huellas de ese delineador negro que hace un instante estaba casi intacto, agarra su bolso color café y al mirar en su antebrazo su tatuaje de una pluma, escribe algo en una hoja sucia; observa al cielo, respira, mira de reojo el tren o bus que está decidida a abordar, vuelve a mirar hacía atrás, se detiene, suspira y lo aborda, entendiendo quizás que es hora de partir a un nuevo destino. Otra lágrima brota de sus ojos.


Yo la observaba alejarse en ese tren, de repente, siento ganas de observar en dónde estoy y descubro que mis manos están llenas de un delineador negro, que tengo los mismos tatuajes, que llevo la misma blusa, jean y converse. Sí, esa que llevaba tanto tiempo observando era yo, una mujer que quiere abordar el siguiente tren, aunque algo la ata a un pasado. Otra lágrima brota de sus ojos.