domingo, 22 de enero de 2012

Así es tarado, muero por usted

Esta podría ser la historia suya, mía, de su amiga, compañera o hasta enemiga. Imagine que de un momento a otro, usted se siente demasiado atraída por alguien, parece ser el hombre ideal. 
Pero de pronto éste le afirma que tiene novia y está bastante bien comprometido.


Por supuesto, la reacción socialmente correcta es decir: "Hasta aquí llegué yo", pero hay que reconocer que las hormonas no tienen raciocinio, los deseos no se controlan con poderes mentales y si por alguna extraña y equívoca razón usted ya le metió su corazón, entonces el panorama no es negro sino bien oscuro.


A esto por favor súmele que no importa los intentos que usted haga para no sentir nada, porque el solo tenerlo cerca hace que no solo le tiemblen las piernas, sino también que la piel se ponga peor que la de una gallina. 


Los instantes compartidos se convierten en grandes momentos, ansías infinitas de decirle que para uno es más que un hombre del montón, y el límite de la cursilería llega cuando uno quiere solo arruncharse con el personaje como un adolescente.


Pero el eje de todas las contradicciones empieza cuando uno piensa cinco segundos en si estaría dispuesto a tener una relación estable con esa persona, y la respuesta que se viene a la mente es: NO, entonces uno empieza a preguntarse ¿Qué diablos está funcionando mal?


La única respuesta que yo encuentro viable, es que siendo la otra, se vive un poco más cómodo, no se piense en la eterna pregunta: ¿Será qué de pronto me es infiel?, porque allí la realidad ya se conoce.
También puede ser que uno se plantee el siguiente interrogante: ¿Quién asegura que si lo hace con la novia actual no lo va a hacer con uno? A la final, no hay seguridad de nada.
Pero existe una tercera posibilidad, que es para mi la más adecuada y es que no hay disposición para revivir un pasado en el que en la mayoría de ocasiones, fuimos terriblemente lastimadas.


Sin embargo, hay una realidad que no puede esconderse mucho tiempo y es que más allá de los deseos físicos que este personaje pueda generar, están esas ganas incesantes de tocarlo, verlo, sentirlo, sonreirle o incluso con palabras no muy tiernas decirle: "Si, tarado me muero por usted".

miércoles, 11 de enero de 2012

El picante del sexo no tierno

"Usted es una rabona" "No imagino el día que usted de verdad se derrita por alguien" Estas son palabras que escucho comunmente en mi vida personal, no importa los intentos que haga para parecer una niña medianamente tierna o normal, porque cada vez entiendo que definitivamente o mi pasado fue bien patético, o simplemente, no me hallo cortando florecitas y sorprendiéndome con un serenata mal cantada.

 Sin embargo, tengo que reconocer que aunque no sepa ni cómo se entrega una chocolatina y aún cuando no me gusten las cursis comedias románticas, o no tenga la menor idea de cómo se dice un te quiero, en este momento de mi vida existe un personaje al que quisiera decirle lo mucho que me fascina y cuánto me excita cada movimiento que haga con su cuerpo, por más inocente que parezca.

 Sus ojos me producen un deseo incontrolable de mirarlo como si se tratara de esos escenarios de la naturaleza que uno no quiere dejar de ver, ni siquiera en los fríos mas espantosos. Su piel morena y suave me hace anhelar tocarlo aún cuando duerme, las piernas que se ven a través de sus jeans, me hacen pensar qué podrá ser tenerlas encima de las mías y sus labios son perfectos, ni muy rojos, ni muy rosados, delgados, tiernos, pero a su vez fuertes; a todo esto debemos sumarle que al hablar lo hace con la autoridad necesaria, tal como me gusta a mi, además es tan pilo que descresta. Y si, tienen razón me gustan tan o mas rabones que yo.

A todo este escenario debemos sumarle que es de esos hombres que las palabras le fluyen como lo hace el picante a la buena comida. Es decir, me provoca tenerlo una o varias noches y no para rezar el rosario, pero como dicen mis amigos mas allegados, las camas esconden secretos y las ganas simplemente explotan algún día o simplemente se camuflan por un bien común. Aún así, se podría decir que es la combinación entre lujuria, sexo, inteligencia, placer y una buena dosis de ternura, cuando es necesaria.

Pero como a mi no me puede gustar lo natural, normal y permitido, pues esta no podía ser la excepción, pero como a la final no lo quiero para casarme, pues reconoceré ante él mismo que si llevo varias noches fantaseando con ese sexo que de tierno tiene bien poco, y me quedo con todos esos sentimientos que por mi carácter son escondidos y manejados con facilidad. En definitiva, gracias Dios por no hacerme morronga.