lunes, 12 de septiembre de 2011

Debieron prepararme mejor para verla partir.... A ti Natalia Patiño


Aún recuerdo como si fuera ayer esa noche que llegaste al salón de la universidad, tan hermosa, imponente y con esa mirada que cautivó a miles de hombres en ese lugar. ¿Recuerdas que la primera semana no hablamos, ni nos determinábamos? Aunque siempre ponías especial cuidado cuando yo hablaba en clase de Política, y sin saber el porque en cada debate o discusión estabas de mi lado.

Hasta que una noche se rompió el hielo, me acerqué a ti como si te conociera de hace mucho tiempo y la verdad mi Mona, recuerdo ese momento como si fuera ayer. "¿Qué, quiere una pola? Por supuesto viniendo de mi no se podía esperar más ternura, miraste a tu alrededor, observaste el reloj, respondiste con tu típico tono de voz fuerte y directo: "Hágale", tus ojos saltones y brillantes como siempre, hablaban por sí solos.

Las primeras dos cuadras camino a dicho sitio, no hablamos mucho, solo nos mirábamos por momentos y sonreíamos cordialmente, lo extraño es que ninguna de las dos era muy diplomática, aunque sorpresivamente esa noche parecía que no necesitábamos hablar, una mirada, un gesto o incluso un 'madrazo' nos permitió comunicarnos perfectamente, a tal punto, que después de ese día no nos despegamos jamás.

Una cerveza aquella noche se convirtió en horas extensas de charla, hablamos de la carrera que habíamos escogido, cómo odiabas los medios y amabas la organización de eventos, mientras yo era la parte intelectual, esa que veía siempre debates políticos, discutía sobre fútbol, ese que tú no entendías y por el cual me hacías pasar muchas vergüenzas, en las cuales de la risa que me daba, no podía ni musitar palabra. Como aquel día en el que confundiste a 'Milito' con 'Mijito' en pleno BBC. Pero la verdad, te adoraba y amaba tanto que me era imposible indisponerme contigo, te convertiste en muy poco tiempo en la única persona con la que no podía siquiera intentar molestarme.

A partir de ese día recuerdo nuestras noches de películas, las llamadas que siempre terminaban en un: "Aquí te espero en el BBC o te pasas al PUB", las tardes que llegabas a mi casa antes de llegar a la universidad, nuestras jornadas de manicure y blower en el salón de belleza de siempre, nuestros brindis constantes, pero eso es totalmente pasajero si recuerdo que hablábamos todos los días, recorríamos las mismas calles, en conclusión caminábamos el mismo destino.


La cantidad de veces que te quedaste en mi casa, esos momentos dónde no podías dormir y te arrullaba como una bebé hasta que tus hermosos ojos verdes se cerraban y así yo por fin podía conciliar el sueño. Odiabas mi manera excesivamente rápida de digitar, no me permitías usar skype para escribir, sino solo para hablar, te encantaba ir de compras, y ni para que mencionar todos esos sábados que desayunamos juntas luego de una larga jornada de estudio o de guayabo.

Nunca me cansé de cuidarte, de velar por ti cada noche, de recogerte dónde fuera y a cualquier hora. Tu fuerza e impulsividad te hacían tan inmensamente perfecta, muchos nos veían y decían: "Mírenlas ahí van las inseparables, la mona y la pelinegra". Tú eras la impulsividad, combinada con un gran sentido de nobleza para entender que en el mundo todos podían tener una segunda oportunidad, en cambio yo, representaba para ti la fuerza excesiva, la sinceridad desmedida y según tus mismas palabras: "Ola pero que radicalismo el suyo no, es que con la tocaya solo se tiene una oportunidad".

Odiabas a cualquier tipo que me lastimara, así el personaje no hubiera tenido la intención de hacerlo, le quitabas el saludo y hasta la mirada, tu argumento era: "Quien no te quiera, no merece ni mi mirada". Cuando estábamos pasadas de tragos no hacíamos sino brindar por las cualidades de cada una y terminábamos siempre diciendo: "Estaremos juntas siempre". Ya no necesitábamos ni hablar, una mirada bastaba para entendernos.

La última vez que te vi era un viernes, estabas como siempre trabajando, y yo ese día sentí más que nunca que necesitaba y quería verte, como era tu costumbre te me botaste a abrazarme, no te importaba si tenías el uniforme del bar o no; te abracé como si algo me estuviera diciendo que algo pasaría.

Todo era aparentemente perfecto, quedamos de ir a bailar al día siguiente, pero no pudimos, pues estabas demasiado cansada por tu trabajo y postergamos el encuentro, aún así al despedirme te repetí varias veces que no olvidaras cuánto te adoraba, me picaste el ojo y dijiste: "Jamás lo olvido". La idea era vernos esa semana para comer, pero el destino ya estaba escrito, esa noche sería el último abrazo que te daría.

El doce de enero a las 5 am llegó un mensaje a mi celular, el cual marcaba el final de tu presencia en este mundo, ni para que mencionar lo que sentí, jamás lo preparan a uno para ver partir a un amigo, digan lo que quieran, pero por más maduro que se sea, la muerte es un viento que penetra en el alma y deja huellas de por vida.

Desde ese día no ha existido un solo momento de mi vida en el que no te piense, no te sienta, mi piel recuerda cada día el calor que transmitían tus abrazos, en contra de tu voluntad he llorado en exceso. ¡Perdóname! Sin embargo, todas las noches miro al cielo y recuerdo cuando me decías: "Lo has hecho todo por mi".

Y en este año tan complicado, te he visto sentada en mi cama, abrazándome, consolándome y he escuchado tu voz diciéndome: "Recuerda que eres mi fuerza". Llevar tu nombre es uno de los orgullos más grandes que la vida me ha dado, y no importa cuántos años pasen, yo te amaré siempre, y espero estés lista para recibirme cuando sea el momento de mi partida.

1 comentario:

  1. oyee,, q bonitoo mjee,,, y mejorr aunn q dos amiguitass se quierann tantoo aunq Nataa ya no este en este mundoo,,, ella te seguira acompañandoo,,

    ResponderEliminar