domingo, 19 de febrero de 2012

Cara oculta y oscura de la salud

Este blog nació con la idea de hablar sobre relaciones, encuentros sexuales casuales, tusas e infidelidades; y debo reconocer que surgió con el propósito de expresar esas emociones, conflictos e incluso fantasmas, que en la vida real no era capaz de enfrentar con mis propias palabras.


Pero hoy quizás haga el primer post sobre algo quizás totalmente diferente, me referiré especialmente acerca de cómo una enfermedad o el paso por un Hospital puede cambiar la perspectiva que se tiene de la vida.


Siempre pensamos que jamás nos va a tocar estar en la cama de un centro médico, consideramos que somos inmunes a cualquier problema de salud que se pueda presentar, y a los pocos que se les pase este tipo de situaciones por la mente, piensan que es algo pasajero y sin importancia.


Pero cuando estos deseos no se cumplen y la salud muestra su peor cara, nos damos cuenta que somos increíblemente vulnerables, en esos instantes, el orgullo, la fuerza o el mal carácter no sirven de nada.


Estar en una sala de reanimación, depender de alguien para realizar las acciones más simples, generan en ti sentimientos que ni siquiera pueden llamarse tristeza, vivir con miedo o tener que pedir ayuda para poder desplazarte a algún sitio, genera ira y una incompresión absoluta de la razón por la que estamos afrontando una prueba de estas.


En esos momentos vemos cómo nuestra vida pasa por nuestra mente en una especie de collage de imágenes y empezamos a pensar cuántas palabras no hemos dicho, cuáles sentimientos no hemos expresado, en el odio que hemos acumulado y en esa cantidad de veces que hemos lamentado lo que no tenemos, sin agradecer lo que poseemos, especialmente aquello que definimos como intangible.


Tener a un médico frente a ti diciéndote que tu vida indiscutiblemente cambiará, que ahora no estarás del todo sola porque existirá una enfermedad que caminará a donde quiera que vayas, y que adicionalmente deberás tomar medicamentos el resto de tu existencia, genera un ti un vacío inmenso y que no es fácil de describir, pero solo tienes dos opciones: Sigues o simplemente te dejas caer.


Y pues fue así cómo decidí continuar mi vida, agradeciendo cada día por permitirme estar en este mundo, tome la decisión de amar más, odiar menos, sonreír, agradecer a quienes me han acompañado en estos años y perdonar a aquellos que pasaron buena parte de su tiempo lastimándome. Tengo cosas más importantes en que pensar, cómo por ejemplo, analizar la forma en la que observaré a la enfermedad que me acompaña.

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