jueves, 21 de julio de 2011

En cunas no se forman relaciones

Creo que no existe mujer a la que no le hayan dicho esta frase: "En el amor, la edad es lo de menos". Y de una u otra forma, todas hemos caído en este conjunto de palabras, pero el error garrafal es olvidarnos que no todos los vocablos significan lo mismo, es decir, todo depende de cada situación.

No pretendo generalizar, ni dañar los sueños de nadie, pero hay un hecho que pocos pueden negar, y es que la mayoría de mujeres maduran mucho más rápido que los hombres. Este dato indica, que si por ejemplo, la mujer tiene 26 años y el hombre 21, ella pensará en una especie de estabilidad emocional, en una diversión más tranquila y en cómo lograr que su relación funcione para el futuro.

Entre tanto, el hombre de esa edad seguirá anhelando que llegue el viernes para emborracharse, conocer a una mujer con quien pueda 'desahogarse', esa que no le pone límite a nada y que si lo ve pasado de tragos, se encarga de darle más. A la final, cuando se tiene veinte años, la vida se ve inmensamente sencilla, todo es a pedir de boca.

Por ende, esta es una relación destinada al fracaso, porque no creo que existan muchas mujeres de 26, 27 o 28 años en adelante, que se aguanten convivir con un 'compinchero', 'mujeriego' y 'rumbero' por el resto de su vida.

Y aunque muchos aleguen que la madurez no va con la edad, que las relaciones están basadas en los sentimientos, las vivencias, etcétera y una cantidad de cursilerías que con el paso del tiempo me sorprenden aún más, por su exceso de idealización, lo cierto, es que los índices, las experiencias y estadísticas demuestran que meterse con niños se convierte en la peor de las pesadillas. Con toda la razón mi madre asegura con vehemencia que "El que se mete con niños amanece cagado".

La razón para la que esto suceda es simple, una mujer después de los 24 ó 25 años, tiene claro lo que quiere en la vida, cómo lo quiere y para qué lo quiere. Disfruta, por supuesto, de unos buenos tragos, una excelente comida, una rumba agradable con amigos, pero si no sale un fin de semana no se muere y generalmente, sus amigos son contados con los dedos de una mano.

Entre tanto, un hombre de veinte años piensa en trabajar para tomar, en que todos sus amigos son los mismos que lo acompañan en cada rumba, pero lo más importante y determinante es que confunde amor con enamoramiento, dice amar con una facilidad impresionante, además si la relación que tiene cae en algún tipo de crisis, siempre le parecerá más fácil buscar a otra mujer.

Así que antes de pensar en iniciar una relación con alguien menor, por favor recuerde que lo más factible es que terminé criando al que usted llama su novio. Eso si, jamás espere que el tipo en cuestión actúe como hombre, porque a la final es un niño en proceso de formación.

Espero no herir susceptibilidades con este post, pero los casos que conozco hablan por sí solos.

domingo, 17 de julio de 2011

Tusas ácidas

Cuando se enfrenta una terminada o un simple 'gracias por todo', muchas cosas se vienen a la mente, infinidad de sentimientos y recuerdos, e incluso se vive una especie de shock en el que no se puede siquiera identificar qué tan bajo podremos llegar a caer.

Alguien decía que entre el dolor por una decepción amorosa y el ridículo, hay una frontera demasiado delgada, la cual se cruza con una facilidad infinita, y es necesario reconocer que generalmente las mujeres pasamos por ésta muchas más veces que los hombres.

No se trata de que ellos no sientan, simplemente el carácter depresivo y exagerado, que acompaña al sexo femenino le otorga un color más oscuro del que ya por sí tiene.

Muchas mujeres, entre las que me incluyo, más de una vez le hemos llorado al tipo en cuestión, e incluso en el peor de los casos, pensamos que la mejor opción es preguntar constantemente si nos aman, cuándo es evidente que hace mucho nos dejaron de amar, o en el peor de los casos nunca lo hicieron.

Y no nos engañemos, por más fuertes o centradas, que nos consideremos, todas en algún momento de la vida hemos hecho 'show'. A la final, el amor siempre saca lo mejor y lo peor de nosotros mismos, es por eso que cuando el hombre que creemos ideal nos lleva al límite, no hay más remedio que demostrarle a la vida y al sujeto en cuestión, que SI estamos endemoniadamente lastimadas.

Pero sería ideal que en aquellos instantes, nos y les recordáramos que una 'tusa' es exactamente igual a un duelo, se viven diferentes etapas, todas iguales de importantes; pero que a la final, nos demuestran que la dignidad y el amor propio no pelean con nadie.

En conclusión, el adiós duele pero no te mata; genera niveles de ira, desazón, decepción y un deseo de no volverse a enamorar nunca más, pero lo que puedo asegurar y hasta jurar, es que jamás volvemos a ser las mismas, y esta condición permite que entendamos, lo que muchos repiten hasta el cansancio: "Lo que no me mata, me fortalece".

Pero todo no se trata de una especie de optimismo desmedido, pues perdonar no es una tarea tan fácil como pretenden mostrarlo en la Biblia (Yo aún no lo logro y quizás jamás lo haga), pero al menos soy realista y radical, uso mi razón para entender que siempre vienen cosas mejores o peores, pero al menos siempre serán diferentes.

Reconozco que la acidez, tan característica en mi, después de haber terminado con el que yo consideraba el hombre de mi vida, se aumentó en porcentajes desmedidos, pero a su vez logró que entendiera que no existe nada ni nadie que me derrumbe. Es decir, cada día lo vivo con una frase en la mente: "O es el y su mundo, o soy yo y el mío", evidentemente cada mañana sigue ganando la segunda opción.

Con este post simplemente espero que mi experiencia sirva a aquellas mujeres que quizás estén viviendo una situación similar, y lo que si puedo asegurarles es que la distancia cura TODO y el dolor borra cualquier sentimiento de amor existente. Y cómo no falta el que diga o me acuse de que todavía se siente dolor o que es evidente que estoy ardida con el género masculino, sin vacilar respondo lo siguiente: ¡SI Y QUÉ!

Regreso a la noche escrita

Para todos los que me conocen en el mundo digital, saben de sobra que de los tres blogs en los que escribo, ´La Noche de las Letras´ es mi hijo más consentido, porque éste me ha permitido expresar mi ira en momentos de 'empute' crónico, aquellos instantes donde el género masculino me ha sacado más de una cana, pero especialmente, cuando quise contarle a mis blogueros lectores el dolor que me causó la muerte de mi mejor amiga.

Sin embargo, tuve dos meses de ausencia, motivo por el cual me disculpo de antemano, y reconozco que una preocupante y hasta patética crisis emocional (tusa), en la que quise esconderme del planeta entero, me alejó de lo único que me gusta hacer en la vida: Escribir. Pero hoy decidí volver con toda la fuerza del mundo, recordándome a mi misma cada día que de amor nadie se muere.

Eso si debo admitir que quizás los posts que vengan estén basados en una especie de superación realista y no excesivamente optimista, en la que espero algunas mujeres entiendan que generalmente le damos el poder a los hombres para que nos lastimen más de la cuenta.