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El ego del herido

Foto tomada de: placer.actitudfem.com
Son muchas frases las que a uno se le vienen a la cabeza cuando hace esfuerzos sobre humanos para que alguien deje de importarle, es más, muchas veces uno piensa con detenimiento cómo hacer para ignorar a quién alguna vez te escuchó cada noche.

Lo difícil de este tipo de situaciones no es pelear y terminar una relación, pues generalmente la rabia es el escudo perfecto para olvidar, pero cuando la ira se transforma y se evapora, es cuando aparece el verdadero sentimiento que tenemos por esa persona que ya no está con nosotros.

La peor sensación cuando la rabia se va, es sentir que a quien quisimos, hoy no es más que un simple desconocido, caminar a su lado por coincidencia de la vida es casi una odisea y si se tiene la mala suerte de verlo con otra persona, esa si se convierte en una lucha titánica.

Los recuerdos, las palabras, aquello que se dejó de vivir y el solo hecho de guardar silencio, ante lo que para los demás es más que obvio, va generando heridas que quizás sanen, pero estoy segura que siempre queda la cicatriz.

Tomada de: reflexionesdiarias.wordpress.com
Quizás esa sea la razón por la que no creo en dar dos oportunidades, en ser amigos después de terminar una relación, pues en nuestra memoria siempre estará el recuerdo que fue por esa persona lloramos tantas veces, anhelando que todo se tratara de un mal sueño.

Para quienes están acostumbrados a expresar sus sentimientos, a reconocer el dolor que causa el final de una relación por mentiras, por alguien más, o a la final por la razón que sea, quizás les sea más fácil aceptar que aún duele pensar en esa persona que quisimos y nos dio sus mejores momentos, pero que algún día decidió que ya no éramos suficiente.

Pero realmente nos hemos preguntado ¿Cómo hacen las personas orgullosas, obstinadas, con un carácter terriblemente fuerte, para reconocer que en algún momento la barrera de protección se rompió y que los sentimientos que se negaron en su momento, hoy se hacen incontrolables?
Este tipo de seres jamás reconocerán que la despedida si dolió y aún afecta, que esa es la verdadera razón por la cual se exige que ni siquiera lo miren, lo rocen o le hablen.

En ese grupo de personas me hallo yo, el orgullo no me permite reconocerlo y saber que me lastimaron me impide aceptar que los recuerdos me matan día a día, pero jamás pienso en darle el gusto a aquella persona de subir su ego. ¿Qué infantil no?

Sería imposible negar que de una u otra forma, desearíamos que de la nada apareciera alguien y nos hiciera olvidar aquello o más bien a esa persona que nos está generando dolor, pero la pregunta es: ¿Para qué?
La respuesta es aún más simple, sencillamente queremos comprobar que este dolor no nos durará para siempre y de paso, para creer que así como él está con alguien más, nosotros también, todo se resume entonces en un toma y dáme.

Pero reconozcamos que nada de esto sirve, la razón es más simple aún, nuestro corazón golpeado está diciendo a gritos: "No me rocen, estoy débil".
¿Por qué nos cuesta tanto reconocer que realmente estábamos tragados y que efectivamente nos lastimaron? Eso, sinceramente debería hacernos sentir valientes y no débiles.

Sin embargo, reconozco que en mi caso mis emociones se quedaran en estas letras, porque no estoy dispuesta a que la barrera de protección se vuelva a romper. Ojalá quienes mienten en beneficio personal y sin contemplación, entendieran que no se hace daño a la otra persona por unos días, semanas o meses, se le lastima en lo más profundo de su ser y nadie debería tener el derecho de hacerlo.

Es más deberíamos preguntarnos si a esa persona que hoy se está lastimando, no era la misma a la que en un tiempo pasado se le exaltaban sus mejores cualidades, al menos por humanismo la mentira y el engaño no debería ser un recurso entre dos personas que algún día se dieron apoyo, comprensión y cariño.

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