domingo, 28 de octubre de 2012

Si, soy celosa ¿Y qué?

lapatilla.com
Admiro a las mujeres que no son celosas, y lo digo con toda la sinceridad del caso, ya que vivir con intranquilidad es como ir matando de a pocos cualquier intento que se haga para sobrevivir.


Sin embargo, creo que lo más sano es reconocer que de una u otra forma, en menor o mayor grado, todas somos celosas, o al menos en su gran mayoría.

¿Qué sentido tiene negarlo? ¿Para qué? ¿Por qué?


Si lo negamos para vernos más cool antes los hombres, quiero decirles que siempre la realidad sale a luz, pero si por lo contrario lo hacemos para convencernos que somos tranquilas, peor aún, pues no hay mentira que duela más como la que nos decimos a nosotros mismos constantemente.

Todo exceso es malo, no hay palabras más ciertas que esas, por ende, los celos locos son fastidiosos y acaban con cualquier relación, pero es innegable que ocasionalmente las escenas de protección del territorio alimentan esa chispa que no debemos dejar apagar.

Hay mujeres celosas por naturaleza, aquellas que con solo una mirada su pareja sabe que se avecina una pelea de tamañas proporciones, en cambio, hay otras que guardan silencio y prefieren emprender la retirada cuando ven avecinar una situación de esta característica.

Entre tanto, hay otras que aunque intenten callarse, no pueden quedarse con nada adentro y aunque no terminen en una pelea, para ellas siempre será necesario que su pareja sepa lo que están sintiendo.

Entre esas precisamente me encuentro yo, jamás puedo quedarme callada ante una situación que me genera desconfianza, parece que mi cabeza y corazón tuvieran un radar para saber cuáles son las mujeres que están buscando algo más allá de una amistad con las personas que están conmigo.

Eso sin mencionar que cuando empiezo con mis "vídeos" de preguntarme por qué y para qué x o y persona está hablándole con tanta insistencia a mi pareja, SIEMPRE, leáse bien SIEMPRE he tenido la razón, pero por supuesto, en su momento he quedado como la desconfiada, la loca, la videosa o incluso la mujer con mente de Steven Spielber, pero sorpresivamente con el paso del tiempo todo sale a flote, porque como dice mi madre: "No hay nada oculto entre cielo y tierra".

Y aunque el dolor de descubrir una infidelidad es lo más parecido a un millar de cuchillos atravesando la espalda, el único consuelo que queda es saber que al menos no he perdido mi radar para detectar situaciones de este estilo.

Pasé muchos años de mi vida culpándome por sentir celos, por no ser la mujer 'cool' que seguramente los hombres buscan, por desconfiar por naturaleza, hasta que empecé a aceptarme y a reconocer un patrón de mis relaciones: La infidelidad por parte de mis parejas.

Así que hoy en día, lo reconozco desde las primeras salidas: Soy celosa, no me gustan las aguas tibias y la persona que quiera salir conmigo debe sentirse orgulloso de estar con una mujer que no está hecha para jugar y que marca su territorio, de lo contrario, mi frase de cabecera es: "Buen viento y buena mar".

Supongo que hay mujeres mucho más cool que yo, pero así vivo, estas son  mis reglas.

jueves, 18 de octubre de 2012

Dos tocayas, un solo corazón

Volver a escribir sobre ella es caminar sobre un terreno tan árido como suave, los recuerdos se mueven a veces como piedras que hieren con el paso del tiempo, pero en otras ocasiones pensar en su partida me hace sentir que quizás la vida debió prepararme mejor para verla partir.

Natalia era esa niña que siempre cuidé, aquella que jamás permití que la lastimaran, pero la vida no me alcanzó para cuidarla de esos accidentes que nunca te imaginas vivir, era la mujer de mis ojos, esa hermana que nunca tuve. Sé que no me quedó nada por decirle, se lo di todo, no hubo un solo día o noche que no le recordara cuánto estaba dispuesta a hacer por ella.

Por su parte, ella jamás me falló, fue incondicional, quizás más de lo que yo esperaba, tal vez sea una coincidencia, pero cuando estaba viva era la época donde yo era más fuerte, coincidencialmente cuando ella se marchó, mi vida se tornó en algo caótico, me lastimaron de todas las formas como alguien puede ser lastimado y me descubrieron una enfermedad que jamás imaginé.

Aún así, nunca he decaído, siempre la he sentido a mi lado, supongo que esto es lo que llaman una amistad a través de las distancias y pues si la nuestra cruzó la barrera de la muerte.

Su foto me acompaña todos los días en el puesto de mi oficina, a veces la miro y pienso en aquello que compartimos, en el trozo de vida que ella me regaló, que le agradezco a Dios cada segundo por ponerla en mi camino.

Aún recuerdo su tono de voz cuando gritaba por toda la universidad: "Mi Tocaya". Sí, llevaba mi mismo nombre, aún cuando alguien me dice 'tocaya' la recuerdo, es como si me arropara desde donde está, a veces me parece estarla oyendo diciéndome: "Nada te derrumba, ojalá todos fuéramos la quinta parte de lo fuerte que eres".

Se equivocan quienes piensan que la muerte se olvida, hace más de un año que se fue y me sigue doliendo, la sigo extrañando, solo que empecé a entender que hubiera dado mi vida por verla feliz, y sé que donde está lo es.

Mona, Tocaya: Sabes cuánto te amo, nadie tiene tu lugar, el brillo de tus ojos me sigue alumbrando, sé que en las noches que he llorado tu partida, has sido tú quien me ha consolado.

Si desde el cielo me ves llorar, no te niego que muchas veces es de tristeza, no me preparé jamás para tu partida, pero a veces lloro de felicidad porque fui demasiado afortunada al tenerte en mi vida.

Mona: Frente a ese cajón, jamás me despedí, solo abrí la puerta para que siguieras tu camino, porque sé que me recibirás cuando sea mi hora.